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Así es la tecnología detrás de Planeta Tierra II, la serie documental de la BBC

Así es la tecnología detrás de Planeta Tierra II, la serie documental de la BBC

Por Noelia Núñez | 07-05-2017

Mike Gunton

Mike Gunton

Director Creativo Unidad Historia Natural BBC

Robert J. Flaherty está considerado uno de los padres del cine documental por su película Nanuk, el esquimal. Para filmarla el cineasta convivió durante dos años y medio (entre 1920 y 1922) con los inuit en las islas Belcher de Canadá en el océano Ártico. La intención de este ingeniero de minas que ha pasado a la historia del cine era captar la lucha entre el hombre y la naturaleza, reflejando el modo de vida tradicional de los inuit -que ya no existía en el momento en que se hizo la película- para potenciar el mito del buen salvaje. La de Flaherty en realidad no era una película sobre naturaleza, puesto que los verdaderos protagonistas de la historia eran los esquimales, pero los impresionantes escenarios polares donde fue rodada la convierten en un documento sobre una zona del planeta que muy pocos seres humanos pueden pisar. En este sentido hay una línea que enlaza directamente esta obra pionera con Planeta Tierra 2, la segunda parte de la gran producción televisiva de la BBC. Para Mike Gunton, director creativo de la Unidad de Historia Natural de la televisión pública británica, esta capacidad de las imágenes de llevar al espectador a parajes naturales increíbles es una de sus grandes bazas: “el romanticismo es una parte importante de Planeta Tierra. Hay algo en la sensación de transportarte a lugares tan especiales que la mayoría de las personas nunca podrán ver con sus propios ojos”.  

Los documentales sobre naturaleza de la BBC establecieron ya hace tiempo algo así como una guía canónica sobre cómo debía filmarse la naturaleza para convertirla en un espectáculo. Y en este Planeta Tierra 2, donde la tecnología ayuda a conseguir mejores y más cercanas imágenes, han exprimido al máximo las posibilidades que ofrencen las nuevas cámaras y dispositivos digitales. Pero echar mano de la tecnología para conseguir plasmar el mundo salvaje no es ni mucho menos algo nuevo. A finales de los años veinte y principios de los treinta del pasado siglo, el biólogo francés Jean Painlevé (considerado uno de los padres del cine científico) ideó nuevas técnicas de filmación para conseguir captar con nitidez el vuelo de los pájaros. Y toda una celebridad en este campo, Jacques Ives Cousteau -ganador de dos Oscar, en 1957 y 1965 por sendos documentales- adaptó las cámaras fotográficas y de cine para poder filmar con la luz adecuada bajo el agua sus famosas películas submarinas que después llevaría a serie de televisión. No menos asombrosas son las imágenes de otro cineasta aguerrido y visionario, Werner Herzog, quien consiguió (en una hazaña tan compleja técnicamente como difícil en lo burocrático) introducir las más modernas cámaras de 3D para capturar la belleza de la gruta francesa de Chauvet en La cueva de los sueños olvidados (2010).

Si hace poco más de una década, en 2006, la primera entrega de Planeta Tierra ganó cuatro premios Emmy y enamoró a todo el mundo por su belleza y emoción, esta segunda parte (que  ha vuelto a ser narrada por David Attenborough) fue calificada en su estreno por el crítico de The Independent como “el documental televisivo de naturaleza más grande que se haya hecho jamás hasta la fecha”. A ello no solo ayudan las formas narrativas, la virtuosa edición o la música de Hans Zimmer, que convierten a los animales en héroes (como si estuviéramos ante una gran ficción), sino la filmación en 4K (súper alta definición digital), que permite al espectador verlos como nunca hasta ahora se habían filmado. Lamentablemente muchos de los parajes y la fauna que muestra Planeta Tierra 2se encuentran seriamente amenazados, por eso Mike Gunton confía en que la obra pueda ayudar a concienciar de la necesidad de preservarlos: “Hay un deseo y una voluntad genuinos de comprender, explorar e incluso enamorarse de la naturaleza y eso la gente lo desea de verdad”.        

Edición: Noelia Núñez | Georghe Cirja
Texto: José L. Álvarez Cedena