CREATIVIDAD, ROBóTICA, TECNOLOGíA

Benjamin, la primera inteligencia artificial que escribe guiones

Benjamin, la primera inteligencia artificial que escribe guiones

Por Zuberoa Marcos | Juanlu Ocampos | 19-03-2017

Ross Goodwin

Ross Goodwin

Tecnólogo creativo, artista, hacker

En Nadie es perfecto, la interesante biografía plagada de deliciosas mentiras, medias verdades y hechos rotundos, que Helmuth Karasek escribió sobre Billy Wilder, el periodista dedica unas cuantas páginas a relatar cómo eran las relaciones del genial director austriaco con los escritores con quienes firmó sus guiones. Wilder, que como gran fabulador acostumbraba a adornar sus propias anécdotas para hacerlas más interesantes, colaboró habitualmente con Charles Brackett, un caballero de la costa Este de maneras elegantes que a duras penas aceptó el cinismo y la irreverencia de su socio durante 14 años. Raymond Chandler, uno de los más grandes autores de novela negra, mandó directamente a paseo a Wilder harto de sus extravagancias, como pasear con una fusta por el despacho golpeando todo a su paso mientras escribían. Preguntado por su relación, Wilder aseguró que las quejas de Chandler se debían a que él era más atlético y tenía más éxito con las mujeres. Mucho más suaves fueron sus relaciones con Izzy Diamond, al que le gustaba recordar que, cada vez que preguntaba a Wilder “¿Lo que hemos escrito está muy bien, verdad?”, él respondía “Sí. Ahora vamos a hacerlo mejor”. Con todos ellos, sin embargo, tuvo una fructífera simbiosis creativa de la que surgieron algunas de las mejores películas de la historia del cine como Perdición, Días sin huella o El apartamento.

La relación que Ross Goodwin mantiene con su compañero de guión es un poco más austera que las de Wilder y su cuadrilla. Esto es así básicamente porque Ross puede apagar a Benjamin cuando quiera, ya que es una máquina programada para escribir libretos basados en textos previos: la primera inteligencia artificial entrenada como guionista. Goodwin (que en su página web se define a sí mismo como “no poeta, tecnólogo creativo, científico de datos, graduado por la New York University y el MIT, y antiguo escritor fantasma para la administración Obama”) es un apasionado de las posibilidades que los ordenadores abren a las nuevas formas de narración y creación. Junto al cineasta Oscar Sharp llevó a cabo Sunspring, el primer cortometraje de ciencia ficción escrito por una máquina. El resultado de su experimento es un texto a medio camino entre los delirios de un loco y una poética absurda de extraño atractivo. “Hace años intenté escribir obras de teatro tirando de datos extraídos de una lista de escenas. Entonces, cuando conocí a Ross y descubrí que estaba usando computadoras para escribir poesía (usando cadenas de Markov en ese entonces) le pregunté si podría adaptar las técnicas para guiones, y nuestra colaboración comenzó. Después de algunas pruebas fallidas lo dejamos de lado, pero meses más tarde me envió una poesía que había generado con redes neuronales artificiales, y cuando lo leí, sentí algo. Me di cuenta de que este sistema sí era útil, le llamé y en dos semanas teníamos el guión listo para la 48 Edición del Film Challenge de Ciencia Ficción de Londres”, recuerda Sharp.

Para Goodwin este es sólo un primer paso, ya que cree que las máquinas irán adquiriendo un papel cada vez más protagónico en la creación literaria y audiovisual. Aunque, matiza, nunca llegarán a sustituirnos por completo: “La relación de los cineastas con la inteligencia artificial será simbiótica, no los remplazarán”.  Ojalá, o el Wilder del futuro no podrá presumir de su porte atlético.

Edición: Juanlu Ocampos | Georghe Karja
texto: José L. Álvarez Cedena