TECNOLOGíA

El biohacker que se implanta chips bajo la piel

El biohacker que se implanta chips bajo la piel

Por Zuberoa Marcos | Juanlu Ocampos | 06-12-2016

Tim Cannon

Tim Cannon

Biohacker y Cyborg

Ni el cambio climático, ni las crisis migratorias, ni los peligros de un conflicto nuclear. Para Francis Fukuyama, el mayor peligro que afrontan nuestras sociedades es el biohacking, la posibilidad de alterar a través de la tecnología nuestras capacidades naturales. Lo expuso en un libro titulado Nuestro Futuro Posthumano: Consecuencias de la Revolución Biotecnológica en el año 2002 y posteriormente en Las ideas más peligrosas del mundo: el Transhumanismo, un articulo publicado en la prestigiosa revista Foreign Policy. Claro que Fukuyama también pronosticó hace casi 25 años que la historia se había acabado y que las ideologías eran aparatos caducos. Una forma radical de proclamar el (interesado) triunfo absoluto de la economía liberal y las políticas aplicadas por Estados Unidos. Pongamos, pues, en duda las ideas de Fukuyama, tan acostumbrado a generar polémicas como a desdecirse de lo escrito cuando las cosas se tuercen. La historia de hecho sigue avanzando -incluso acelerando- y también el llamado transhumanismo, que en la última década se ha convertido en una corriente que va más allá de lo tecnológico para abrir preguntas propias de la ética, la filosofía, la sociología y la política. Precisamente en este campo ya pudimos ver un aspirante a candidato presidencial en la pasada campaña que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca. Zoltan Istvan fundó el Partido Transhumanista de Estados Unidos y durante algunos meses recorrió el país tratando de recabar apoyos con un programa electoral que prometía avances como la vida eterna: “Voy a convencerlos de que morir no es necesario. Podemos evitar la muerte y vivir vidas sanas y jóvenes indefinidamente. Cuando la gente sepa que puede vivir para siempre, lo aceptará con alegría”, aseguraba Istvan en una entrevista. A tenor de los resultados, sobrevaloró su poder de convicción.

Sin llegar a la absoluta certeza de que en pocos años seremos inmortales -algo que, sin embargo, sostienen varios científicos adscritos a la corriente transhumanista-, lo que resulta innegable es que la biología humana ya está siendo transformada por nuevos dispositivos y lo será mucho más en el futuro. Hay quien incluso no quiere esperar a que esta tendencia sea mayoritaria: alguien tiene que ser el primero, y Tim Cannon está cogiendo carrerilla para ello.  Se define a sí mismo como un cyborg, con partes humanas y partes tecnológicas. Por muy raro que suene, Cannon no es un caso único, aunque su aproximación al biohacking sí que resulta de lo más original, puesto que se trata de un “háztelo tú mismo”. Del mismo modo que hay quien fabrica muebles o impresoras 3D en su garaje, Cannon idea sensores y chips que instala bajo su piel. Su compañía Grindhouse Wetware promete en su web conseguir una “humanidad aumentada” a través de tecnologías seguras, económicas y de código abierto. Incluso en una entrevista con Vice, aseguraba que su objetivo es conseguir corazones artificiales en los próximos diez años. Cannon es consciente de que tanto sus ideas como sus prácticas son miradas con cierto recelo. Pero no piensa dejar de investigar con su propio cuerpo para avanzar en lo que considera una evolución lógica de la humanidad: “Tenemos la tecnología para hacerlo con seguridad. La auténtica barrera es que la gente dice “no quiero hacerlo”. Vale, pues no lo hagas. Nosotros lo haremos por ti. Estaré encantado de ser más avanzado que el resto de los humanos”.

Edición: Juanlu Ocampos | Douglas Belisario
Texto: José L. Álvarez Cedena

Transcripción de la conversación
TIM CANNON
00:03
El objetivo, al fin y al cabo, es ser cien por cien artificial. Así que el próximo paso será hacer dispositivos que puedan ser implantados totalmente en el cuerpo. Nos preguntamos cuáles eran los requisitos mínimos para ser un ciborg, hicimos una lista de características y dijimos: “Hagámoslo”.
Aquí estamos en Grindhouse, nuestro cuartel general. Básicamente, es mi sótano. Es mitad laboratorio de electrónica, mitad sala de hackers.
Fabricamos tecnología implantable. Fabricamos dispositivos que pueden ponerse bajo la piel o dispositivos que interactúan con los implantes.
TIM CANNON
01:09
En la mano ahora mismo tengo implantado un dispositivo, que no es más que una luz. Lo hemos hecho para probar los materiales y para hacer tests en vivo que pongan a prueba algunas ideas. Esto tiene una lógica, tiene un sensor, tiene una fuente de alimentación, tiene un software que puede ejecutar código y algoritmos de detección. Es para probar el concepto global de que se puede coger información del cuerpo y hacer algo útil con ella.
Detecta los campos magnéticos. Por eso cuando le pongo encima el imán que tengo aquí implantado, lo detecta. Pero de igual modo, podría ser una luz que se enciende para indicar mis pulsaciones, mis niveles de oxígeno en sangre, o cualquier cosa. La luz podría encenderse a partir de un algoritmo e indicarme: “Oye, tus pulsaciones son estas”, y que empiece a parpadear o algo así.
TIM CANNON
02:13
Aquí tengo un chip de radiofrecuencia que me permite entrar en este lugar. Pongo la mano en la puerta, lo detecta y se abre. Y aquí tengo un chip en el que se pueden almacenar datos, como las coordenadas GPS, y cuando lo escaneas con el móvil, automáticamente se abre tu aplicación del mapa y te indica cómo llegar a casa, o lo que sea.
Al chip que tengo en la oreja puedo enviarle sonido, y puedo oír el sonido realmente dentro de mi cabeza.
Sí. Bueno, pues sí. Sí, así es. Me gustaría transferir mi consciencia a un recipiente cien por cien artificial. Yo creo que eso es lo más cuerdo que se puede hacer. Cuando la gente con la que hablo parece escéptica, les digo: “Sabes que ese cuerpo que habitas va a morir, ¿verdad? Al final del todo, acabas muriendo”. Y eso es… Yo no quiero morir, quiero vivir en algo que no esté degradándose desde que nace.
Una vez eres cien por cien artificial, ya no hay límites. Se elimina cualquier límite conceptual que podamos tener. Nuestro plan es bastante simple, en cuanto a que primero queremos integrarnos con nuestro entorno digital. Queremos integrar la biología con el entorno digital, y empezamos siguiendo una ruta: control activo de los sistemas digitales, control pasivo de los sistemas digitales, y luego permitir que los sistemas digitales nos den una respuesta. Ese es el ciclo que queremos cerrar, para empezar, y después seguiremos avanzando para eliminar la biología de la ecuación tanto como podamos.
TIM CANNON
03:57
El primer biohack que mucha gente se pone es este pequeño imán en el dedo. Uno más pequeño aún, implantado en la punta del dedo. Además de poder hacer trucos de magia como coger clips, esto te permite sentir los campos magnéticos del entorno. Puedes sentir el disco duro funcionando en tu ordenador, a veces puedes sentir un cable detrás de una pared o sentir tu microondas mientras te calienta la comida.
Esta es de las primeras versiones de nuestro dispositivo Bottlenose. Hay un sensor alrededor de este dedo, una bobina que envía información vibratoria al imán. Esto es un sensor de proximidad. Cuando extiendes la mano, detecta la distancia con los objetos y en qué dirección se mueven. Y esa información se puede traducir en vibraciones. Rápidas cuando están cerca, o vibraciones lentas cuando están lejos. Puedes cerrar los ojos y sentir tu entorno utilizando solo el guante.
TIM CANNON
04:50
En lo que a dispositivos ponibles se refiere, creo que son algo genial. Es fantástico que se estén extendiendo. Nosotros vamos a ir al siguiente nivel, que nos dará una mayor resolución, por ejemplo. Al estar bajo la piel, estás más cerca de la fuente. Puedes hacer cosas bajo la piel que nunca podrías hacer con un dispositivo ponible, como un análisis químico de la sangre.
Podemos pasarnos treinta o cuarenta años intentando inventar la manera de penetrar la barrera de la piel, o podemos ir bajo de la piel directamente. Tenemos la tecnología, ¿por qué demonios no hacerlo? Es lo más lógico.
Esto va a acabar pasando. Podemos obtener una mejor resolución, y tenemos la tecnología para hacerlo con seguridad. La auténtica barrera es que la gente dice: “Ay, es que no quiero”. Vale, pues no lo hagas. Nosotros lo haremos por ti. Estaré encantado de ser más avanzado que el resto de los humanos. ¡Genial! Por mí bien, ¿sabes?