CIENCIA, PREOCUPACIONES GLOBALES

Bosques que crecen en edificios a 100 metros de altura

Bosques que crecen en edificios a 100 metros de altura

Por Maruxa Ruiz del Árbol | 22-06-2017

Stefano Boeri

Stefano Boeri

Arquitecto del bosque vertical

Cuenta Stefano Boeri que, a comienzos de los años setenta, cuando era un joven estudiante de bachillerato que soñaba con la revolución y participaba activamente en los movimientos juveniles de Milán, rechazaba como algo burgués la preocupación ecológica. Para él, comprometido con la izquierda política y reivindicativo con las necesidades de las clases menos favorecidas, dedicarse a la defensa de los ecosistemas era cosa de hippies, gente que vivía ajena a los verdaderos problemas. En 1972, mientras él recorría las calles de su ciudad en manifestaciones, un curioso personaje se plantaba frente a la Gran Ópera de Milán con un pequeño roble en sus manos, declamando la necesidad de una arquitectura ecológica y respetuosa con el medio ambiente. Predicaba, en realidad, para casi nadie, porque el suyo era un discurso poco apreciado entonces (y con las pruebas en la mano, tampoco ha cambiado tanto la situación). El orador, amante de provocadoras performances (en una ocasión llegó a desnudarse para presentar un inodoro ecológico de su invención), era Friedensreich Hundertwasser, un polifacético artista vienés, pintor, escultor y arquitecto, que terminaría por convertirse en una referencia para los movimientos más vanguardistas. Entre sus ocurrencias estuvo la de construir casas con tejados de tierra recubiertos de vegetación y habitaciones donde crecían grandes árboles cuyas ramas asomaban por las ventanas. Por entonces Boeri no conocía estas obras ni la filosofía de Hundertwasser, hoy sin embargo cita sus diseños como una de sus grandes inspiraciones para realizar los bosques verticales que le han dado fama mundial.

La idea de construir rascacielos cubiertos de vegetación comenzó a tomar forma en la imaginación del arquitecto italiano durante una visita a Dubai en 2007, observando los fríos -y poco sostenibles- recubrimientos de acero y cristal predominantes en los edificios. Después de varios estudios de viabilidad, sus sueños comenzaron a construirse en el centro de Milán en 2009 y cinco años después se inauguraban ambas torres. Un auténtico ecosistema de 900 árboles y 20.000 plantas, lo que representa el equivalente a dos hectáreas de bosque, habitadas por distintas especies animales. El Bosco Verticale de Boari proporciona innumerables beneficios, puesto que reduce la contaminación del entorno urbano al absorber o dispersar las partículas de CO2, ayuda a reducir el consumo energético, limita los ruidos en el interior de las viviendas y multiplica la biodiversidad de las ciudades. El italiano está orgulloso de que su obra, que ya ha replicado en otras ciudades, sirva de inspiración para otros proyectos: “Hay arquitectos por todo el mundo que están copiando y reinterpretando, a veces con gran innovación, esta idea. Estamos contentos porque queremos que esto no se convierta en nuestra marca registrada, si no en un concepto que se repita y cambie. Esperamos que haya arquitectos urbanos que sepan mejorar nuestras ideas”.

Como su admirado Hundertwasser, lo que Boeri quiere trasmitir con sus edificios es la idea que también comparte Norman Foster al afirmar que “la arquitectura debe transmitir valores”. En el caso del Bosco Verticale esos valores son los de humanizar las ciudades, convirtiéndolas en entornos más habitables y respetuosos con un medio ambiente ya casi exhausto. En estos tiempos tan acelerados, en los que urge tomar decisiones valientes para presevar el planeta, el italiano cree que debemos “imaginar bosques y arquitecturas que sean verdaderos ecosistemas en los que los seres humanos, plantas y otros seres vivos convivan. Creo que ya no es solamente un sueño, sino casi una necesidad”.

Edición: Maruxa Ruiz del Árbol | David Castañón
Texto: José L. Álvarez Cedena

Transcripción de la conversación
STEFANO BOERI
00:33
Por cada habitante del bosque vertical, construido en dos mil catorce, hay unos dos árboles, ocho arbustos y veinticinco plantas. Hicimos un gran esfuerzo para resolver cuestiones que nunca se habían afrontado en la arquitectura, como por ejemplo imaginar cómo hacer vivir árboles a cien o ciento veinte metros, en condiciones de ventosidad, humedad y de exposición al sol completamente inusuales.
LAURA GATTI
00:58
La idea del arquitecto no era tener un sistema de jardines normal, era tener un sistema que replicara cómo se comporta un bosque en la naturaleza. Las plantas se eligieron entre todas las posibles teniendo bien presente esa imagen, esa visión que tenían los arquitectos. Muchas de las especies que se han plantado en los edificios son especies que los ciudadanos se pueden encontrar paseando por los bosques de los alrededores de la ciudad.
STEFANO BOERI
01:34
Es una idea que surgió al ver el increíble desarrollo de los rascacielos de cristal en los últimos diez años. El noventa y seis por ciento de los rascacielos construidos en el mundo están recubiertos de paneles de cristal. El cristal es un material extraordinario, pero también tiene grandes desventajas, por ejemplo refleja el calor de la luz solar en el suelo urbano.

En dos mil seis o dos mil siete empecé a pensar seriamente en la idea de tener edificios altos con fachadas biológicas, fachadas vivas, es decir, fachadas que no solo tuvieran plantas, sino verdaderos árboles.
SIMONA PIZZI
02:18
Yo vine a vivir aquí en cuanto lo terminaron, en septiembre de dos mil catorce. Sé que soy una privilegiada, es un lugar importante, pero vale la pena, porque el contacto con las plantas y la naturaleza que cambia constantemente durante las estaciones es muy interesante y agradable.
LAURA GATTI
02:46
Las primeras preocupaciones eran obviamente por la seguridad, por la estabilidad. Los ingenieros de la obra, y también el cliente, estaban muy preocupados por el hecho de que los árboles pudieran dañar la estructura o incluso romperse de alguna manera, caer y causar daños.

Así que al principio nos concentramos en la elección de los árboles, eligiendo los que son de por sí seguros. Los elegimos uno a uno, porque a veces en la fase de cultivación, cuando un árbol es joven, no se hace un trabajo perfecto y el árbol adquiere algunos defectos que después hacen que sea frágil. De esta vegetación se ocupa obviamente la comunidad de vecinos.
SIMONA PIZZI
03:48
De las plantas se ocupa una empresa, es un sistema de riego automático, automatizado. Los vecinos no tenemos que ocuparnos de nada. Las riegan, las podan… Se ocupan de todo ellos, nosotros no tenemos que hacer nada.
LAURA GATTI
04:40
Al principio nos encontramos con muchos escépticos, entre nuestros compañeros y los naturalistas, que decían que no podría haber vida a cien metros de altura. Pero desde el principio vimos que los insectos y los pájaros colonizaban el edificio. Nosotros tenemos una monitorización constante, hacemos pruebas de campo en el tejado del edificio más alto. Hemos creado microhábitats, por elección propia en el punto menos accesible, y hay un proceso de colonización continuo. El primer año, en el piso veintisiete no había casi nada, ahora empezamos a ver que hay animales que se alimentan y que nidifican.
SIMONA PIZZI
05:36
Hay un nido en esa esquina, sobre un manzano ornamental que tiene mi vecino de abajo, conforme va creciendo lo veo perfectamente. Es bonito, la madre lleva a los pajaritos la comida, llega con un gusanito en la boca y se lo da de comer.
STEFANO BOERI
06:02
Estamos desarrollando otros bosques verticales, pero cada uno es diferente, porque adaptamos las especies que elegimos a las condiciones climáticas y a la biodiversidad específica del contexto, pero también porque el contexto urbano es diferente. Así que el bosque vertical que construiremos en Lausana será muy diferente del que estamos haciendo en Shanghái y el que construiremos en Guiyu será muy diferente del que hemos pensado para Utrecht, para París, para Chicago o para Tirana.

Hoy en día existe una familia de bosques verticales. Hay arquitectos por todo el mundo que están copiando y reinterpretando, a veces con gran innovación, esta idea. Estamos contentos, porque queremos que esto no se convierta en nuestra marca registrada, sino en un concepto que se repita y cambie. Esperamos que haya arquitectos urbanos que sepan mejorar nuestras ideas.

El reto de hacer una ciudad bosque es imaginar edificios y arquitecturas que sean verdaderos ecosistemas, en los que seres humanos, plantas y otros seres vivos convivan. Creo que ya no es simplemente un sueño, sino casi una necesidad.