CREATIVIDAD, ROBóTICA, TECNOLOGíA

¿Decidirán los bots por nosotros qué decir o qué comprar?

¿Decidirán los bots por nosotros qué decir o qué comprar?

Por Noelia Núñez | 22-08-2017

Darius Kazemi

Darius Kazemi

Artista e internet

Cuando era un estudiante de instituto, con 15 años, Darius Kazemi escribió el código de su primer bot. Se trataba de un sintetizador de voz con un chip especial incorporado que le permitía leer las palabras que alguien tecleaba en un ordenador. Él y sus compañeros de las clases de ingeniería le dieron buen uso: cada viernes, el programa llamaba a Domino’s y encargaba pizza para todos. Esta anécdota, relatada por el propio Kazemi al periódico Boston Globe, refleja bien el carácter gamberro y experimental de un programador brillante que, en la biografía de su web personal, se limita a explicar su trabajo diciendo “Darius tiene un pequeño ejército de bots en Twitter y Tumblr que construyó porque le hacen reír”.

A veces las noticias que aparecen en los medios sobre los bots no nos hacen tanta gracia como a Kazemi. Hace unas semanas, el Sun británico tituló con su habitual gusto por el amarillismo: “Facebook apaga un experimento de inteligencia artificial después de que dos bots comiencen a hablar su propio lenguaje que solo ellos pueden entender”. Y añadía: “Los expertos consideran el experimento excitante pero terrorífico”. La realidad no daba para tanto alarmismo, como posteriormente aclararon los investigadores de Facebook: sí, era cierto que los chatbots habían desarrollado un lenguaje propio, pero también que eso no tenía nada de aterrador. Simplemente se trataba de una serie de abreviaturas para hacer más eficiente su conversación, y fueron apagados no porque diesen miedo, sino porque el objetivo era diseñar bots que pudieran hablar con la gente, no entre ellos.

A Kazemi no parecer preocuparle que los bots terminen evolucionando hacia malvados precursores de Terminaror. Por lo menos no lo suyos, a los que considera casi como de su familia: “Cada mañana, cuando me levanto, miro lo que han hecho mis bots mientras yo dormía y me río. Es fantástico. Es muy gratificante. Se trata de una forma de hacerme reír. Supongo que suena un poco egoísta, pero de algún modo me entretiene”. Lo que él etiqueta como simple entretenimiento, hay quien lo eleva a categoría de arte, incluso de poesía. Leonardo Flores, catedrático del departamento de Inglés de la universidad de Puerto Rico y editor de I love E-Poetry, publicación que estudia la importancia y las posibilidades de la literatura digital describe, con entusiasmo, Metaphor-a-Minute!, uno de los trabajos de Kazemi: “Lo que Kazemi ha creado es un bot minimalista que produce una corriente de lenguaje estructurado con el potencial de capturar nuestra atención y obligarnos a pensar sobre relaciones conceptuales que no podríamos haber establecido de otra manera”.

Las propuestas de Kazemi se mueven en un terreno difuso entre el arte, la tecnología, la pura diversión y la pujante influencia de las redes sociales. Sus bots pueden ser tan inocuos como un programa que compra por él productos en Amazon por una cantidad fija de dinero y se los envía de forma automática sin que sepa qué va a recibir; o tan provocadores como una cuenta de Twitter que recoge las últimas palabras pronunciadas por varios presos en el corredor de la muerte de Texas. Ya sea por pura diversión o con intención de hacernos reflexionar con sus creaciones, Kazemi cree que los bots son un campo interesante para la experimentación, y una tendencia que continuará creciendo: “Mi plan para el próximo año es crear recursos educativos para hacer bots. Me encanta enseñar. Me gusta la sensación en dar una clase y que alguien cree un bot y en una hora ya esté circulando por Internet”.

Edición: Noelia Núñez | Georghe Karja
Texto: José L. Álvarez Cedena