CREATIVIDAD, CULTURA, ENTRETENIMIENTO, MúSICA, ROBóTICA, TECNOLOGíA

Huang Yi, el hombre que baila con los robots

Huang Yi, el hombre que baila con los robots

Por Zuberoa Marcos | Juanlu Ocampos | 15-06-2017

Huang Yi

Huang Yi

Coreógrafo y bailarín

Hemos aceptado (casi) con normalidad que un coche autónomo conduzca por nosotros y estamos haciéndonos a la idea de que, muy probablemente, si tenemos la mala suerte de tener que pasar por un quirófano en los próximos años, quien manejará el bisturí no será un humano sino una máquina. Es decir, estamos dispuestos a superar los temores y poner nuestras vidas en manos de los robots. Lo aceptamos porque ubicamos todas estas actividades en el espectro de la precisión, del cálculo, de la fiabilidad matemática y mecánica. Pero en nuestro orgullo de especie nos queda el refugio del arte. Queremos creer que nunca habrá un robot como Picasso, como Faulkner o como Miguel Ángel; tal vez sea cierto… o tal vez no.

Huang Yi, coreógrafo y bailarín taiwanés, ha creado un ballet único en el que se presenta solo en el escenario con un robot. La máquina en cuestión está muy alejada de los músculos perfectos de un Rudolf Nureyev: se trata de un brazo gigante de la compañía KUKA utilizado habitualmente en cadenas de montaje. Un aparato industrial, pesado y peligroso como explica Yi: “cuando me puse en contacto con ellos me dijeron que la regulación dictaba que cuando la máquina se pone en funcionamiento, está terminantemente prohibido que una persona se encuentre cerca de su radio de acción”. Pero el bailarín consiguió convencer a la compañía para llevar a cabo un espectáculo poco convencional con el que soñaba desde muchos años atrás. Concretamente desde que su acomodada familia tuvo problemas económicos y él se vio obligado a adaptarse a una situación de necesidad y privaciones: “Crecí sabiendo que tenía que ser un niño perfecto. Oculté todas mis emociones, pasiones, ira y tristeza para ser ese niño perfecto, y parecer un robot: obediente, amistoso, considerado, dócil, sin personalidad incluso”. La imagen infantil de ese mundo en el que todos los problemas podían ser resueltos gracias a inventos maravillosos estaba entonces representada por el manga televisivo Doraemon (el gato del espacio que todo lo puede), y hoy se plasma en una obra compleja y de una extraña belleza.

El proceso para conseguir que el brazo KUKA responda a sus movimientos ha sido largo y complicado: “programar el robot es muy difícil, especialmente si quieres que responda a los detalles, porque tienes de decirle cómo quieres que haga cada movimiento. Está completamente preprogramado, no puede verme ni sentirme. Me lleva 10 o 20 horas programar cada minuto de sus movimientos”. El resultado, que ya ha podido verse en varias ciudades, es una coreografía inusual que no ha sido entendida por todos. El crítico del Washington Post escribió que “muchas partes de la pieza te hacen sentir como si mirases una aspiradora encerrada en un armario. KUKA permanece en gran medida inmóvil y sin iluminar mientras Huang lo mira fijamente”. Y es que el arte -sobre todo en la vanguardia- nunca fue entendido en sus comienzos: cuando en 1913 Nijinsky estrenó en París la coreografía de La consagración de la primavera con música de Stravinsky, el escándalo fue mayúsculo y el público intentó incluso agredir a los intérpretes. Huang Yi está innovando y por eso no se desanima. Porque lo que busca es influir a través del baile en las relaciones que estamos construyendo con las máquinas que nos rodean: “La gente tiene miedo de los robots porque no tienen sentimientos, pero yo quiero cambiar esa forma de pensar”.

El resultado es una coreografía que ya ha podido verse en varias ciudades y que inauguró la última edición de la prestigiosa conferencia TED en Vancouver; una pieza inusual que no ha sido entendida por todos.

Edición: Juanlu Ocampos | Cristina del Moral
Texto: José L. Álvarez Cedena