CREATIVIDAD, MúSICA, TECNOLOGíA

Jorge Drexler y la asombrosa tecnología que esconde una guitarra

Jorge Drexler y la asombrosa tecnología que esconde una guitarra

Por T. Garrido / M. Barnuevo | 12-08-2016

Jorge Drexler

Jorge Drexler

Cantante y compositor

Julio Cortázar se refería a su obra Rayuela, una de las más importantes en lengua castellana del siglo XX, denominándola “contranovela”. Su lectura -difícil, árida incluso para quienes no estén dispuestos a entrar en el juego- propone varias alternativas: puede afrontarse como un libro normal (desde la primera a la última página), ser abandonada en el capítulo 55 y prescindir del resto del texto, seguir el orden propuesto al inicio por el autor, o permitir que el azar guíe la secuencia de lectura. Es un artefacto narrativo arriesgado que confía en la complicidad de los lectores para ser entendido en toda su dimensión. Algo similar, con las distancias que marcan las inevitables diferencias de lenguaje, es lo que Jorge Drexler propuso con su proyecto “n”, una composición original del artista uruguayo que incluía tres “aplicanciones”. Los usuarios podían mezclar a su gusto las frases de los tres temas para hacer surgir uno nuevo, modificar los coros, los arreglos, las bases rítmicas, etcétera.

Contrariamente a lo que muchos defensores de lo “puro o lo auténtico” argumentan, el arte tiene mucho que ver con la tecnología. Así lo defiende Drexler quien incluso tiene una composición, Guitarra y vos, en la que canta: “Es cierto que no hay arte sin emoción / y no hay precisión sin artesanía. / Como tampoco hay guitarras sin tecnología”. El uruguayo, que es muy activo en redes sociales (tiene más de 300.000 seguidores en Twitter, una red social en la que sólo escribió en verso durante un tiempo), muestra una saludable distancia crítica frente a la tecnología porque “no es la panacea ni Satanás. Ni genera un mundo completamente nuevo ni destruye un mundo”.

Jorge Drexler no encuentra motivos para enfrentar -en una especie de esquizofrenia artística-, la música creada con medios electrónicos con aquella que utiliza instrumentos más tradicionales. Porque la utilización de la tecnología es inherente a la especie humana: “Cuando veas un árbol en el que crezcan guitarras, la guitarra dejará de ser una herramienta tecnológica. Pero esto es un prodigio de acústica, de ergonomía y el detalle de gourmet que tiene un luthier para determinar el grosor de cada milímetro de la tapa de una guitarra y saber cómo va a sonar después, es algo prodigioso desde el punto de vista tecnológico. No es algo natural”.

Porque el arte no debería tener fronteras. Es una forma de exploración del alma y la sensibilidad humana y, como tal, intentar ponerle límites a lo que se puede o no utilizar para la creación es una actitud mezquina. Tan bella puede ser una composición de música fractal realizada con un ordenador como una interpretación al violonchelo de una pieza de Bach. De ahí que Drexler jamás se ponga condiciones a la hora de componer: “Me gusta creer que la nobleza o la calidad de un producto artístico depende poco de las herramientas con las que se hace”. La suya es la misma actitud propuesta por Cortázar: jugar por el simple placer de hacerlo y convertirnos a todos en sus cómplices.

Edición: David Castañón
Texto: José L. Álvarez Cedena