ASTRONOMíA, CIENCIA

La misteriosa materia oscura pudo acabar con los dinosaurios

La misteriosa materia oscura pudo acabar con los dinosaurios

Por Noelia Núñez | 13-08-2017

Lisa Randall

Lisa Randall

Física teórica. Universidad de Harvard

Pongamos una estructura clásica de chiste… Van un físico teórico, un poeta y un cuñado y se encuentran al doblar una esquina con un inmenso montón de materia oscura. El físico, feliz, saca lápiz y papel y comienza a formular como loco. El poeta se inspira y dice: “puedo escribir los versos más oscuros esta noche”. Mientras el cuñado, echa mano de su móvil, se hace un selfie, lo sube a Instagram y publica un post “aquí, con todo lo negro… #materiaoscura #misteriosdelespacio”. Por una vez (y sin que sirva de precedente), el cuñado y el físico teórico están igual de acertados porque nadie ha podido hasta ahora describir con precisión de qué está compuesta la materia oscura, a pesar de que según un reciente estudio presentado en la reunión anual de la American Physical Society Division of Particles and Fields, sabemos que el 26% del universo está compuesto por materia oscura y que el 70% es energía oscura. Solo el 4% restante sería materia ordinaria, es decir, la que podemos observar y medir. En realidad, para ser más precisos, como aclara Lisa Randall, se trata de “la estructura del universo” la que “está hecha de materia oscura”. Randall es catedrática de física teórica de la universidad de Harvard y una de las personas que más aportes ha hecho sobre este tema. Se trata, además de una científica arriesgada y original, acostumbrada a transitar caminos que muchos ni siquiera imaginan.

Aunque no podamos verla, la existencia de la materia oscura no es una cuestión de fe. Sabemos que está ahí (aunque sus partículas, al no absorber, reflejar o emitir luz no pueden ser observadas directamente) por los efectos que produce sobre otros objetos que sí podemos ver (como su influencia en las gravitaciones de estrellas o galaxias). El primero en formular la presencia de una materia invisible fue el astrónomo Fritz Zwicky en 1933 y desde entonces algunas de las mentes más brillantes de nuestro planeta están empecinadas en tratar de describir con mayor precisión qué esconde esta escurridiza materia.

Randall se ha convertido, según el periódico británico The Guardian, en una “superestrella” de la ciencia gracias a sus teorías. Una de ellas, formulada en su último libro, relaciona la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años con un disco de materia oscura presente en la Vía Láctea. No se trata, por supuesto, de que a este gran enigma se le puede echar la culpa de todo (hablamos de Física, no de política). La hipótesis de Randall está sustentada en observaciones realizadas por el telescopio Fermi de la NASA y espera poder demostrarla gracias a los datos que está recogiendo el satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea.

“Podemos aprender mucho de la materia oscura. Hay un montón de analogías sorprendentes acerca de la forma en que pensamos en la materia oscura y la forma en que tratamos temas sociales o políticos”, asegura Randall; por ejemplo, “todavía tendemos a confiar más en lo que podemos ver directamente”. Algo que es un error, puesto que lo que no vemos es mucho mayor de lo que somos capaces de observar. Una reflexión más que pertinente en estos tiempos confusos, sobre todo viniendo de alguien con la capacidad de abstracción de la científica norteamericana, quien se atreve a plantear con autoridad la posibilidad de que existan otras dimensiones en nuestro universo. Recurramos pues a una de sus analogías tomando prestadas sus palabras en el artículo que le dedicó The Guardian: “¿En qué deberíamos gastar el dinero. ¿Qué recordaremos dentro de cien años? ¿Vamos a recordar que descubrimos el bosón de Higgs o vamos a recordar algún bombardeo en concreto sobre Siria?. Los gastos no son tan distintos”. Y es que hay cosas que no vemos y otras que no queremos ver…

Edición: Noelia Núñez | Douglas Belisario
Texto: José L. Álvarez Cedena