CREATIVIDAD, CULTURA, MúSICA, TECNOLOGíA

Tecnología digital y acústica perfecta para la sala de conciertos Elbphilharmonie en Hamburgo

Tecnología digital y acústica perfecta para la sala de conciertos Elbphilharmonie en Hamburgo

Por Noelia Núñez | 18-06-2017

Benjamin Koren

Benjamin Koren

Fundador de One to One Studio

La historia de la Filarmónica del Elba, inaugurada en enero de este año en Hamburgo, puede contarse, al menos, desde dos puntos de vista. Está el más prosaico, el de un edificio presupuestado en 77 millones de euros cuando comenzaron las obras en 2001, que ha terminado costando 789 y abriendo sus puertas ocho años más tarde lo previsto. Esta es la historia de una pesadilla, de una obra monumental que alberga en su interior dos auditorios, un hotel de lujo, restaurantes, un museo y hasta 45 apartamentos; que provocó que la ciudad tuviera que pleitear en los tribunales contra la empresa de los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, y que se llevó por delante al entonces alcalde, el democristiano Ole von Beust. Son los riesgos, muchos imponderables, que se afrontan cuando se construye uno de los edificios más vanguardistas del mundo, levantado sobre un antiguo almacén de tabaco y cacao en la orilla del río que atraviesa la ciudad y da nombre a la filarmónica. Y luego está la historia de la proeza arquitectónica, de una obra que ha sabido conjugar con maestría el ladrillo de la construcción original con el vidrio, y que alberga una sala de 2.100 butacas que -gracias al trabajo del ingeniero acústico japonés Yasuhisa Toyota, de Nagata Acoustic- tiene unas de las mejores acústicas del mundo.

La tecnología ha tenido mucho que ver en la consecución de que la música se transmita y suene en el auditorio central con una perfección absoluta. Bien lo sabe Benjamin Koren, ingeniero de One to One, quien tuvo que enfrentarse al complejo problema de programar un algoritmo que interpretara las instrucciones diseñados por Yasuhisa Toyota, para lo que escribió un programa con unas 20.000 líneas de código, corazón tecnológico indispensable para la posterior construcción de los paneles acústicos que hacen la sala tan especial. El sonido se propaga con pureza gracias a las 10.000 placas de fibra de yeso en cuya producción se ha empleado papel reciclado. Ninguna de estas placas es igual, cada una tiene un diseño único y pesan desde 35 hasta 200 kilos, y las ondas rebotan en ellas siguiendo una patrón acústico perfecto. Incluso las butacas, diseñadas en exclusiva para la sala por la empresa italiana Poltrona Frau, cumplen la función de conseguir que la música suene exactamente igual con o sin público.

Koren asegura que no existe en todo el mundo una experiencia musical que pueda equipararse a la de asistir a un concierto en esta sala. Y, además, defiende el proyecto general del edificio a pesar de los sobrecostes y las polémicas: “La Filarmónica es sin duda un símbolo de la ciudad de Hamburgo, y se ha convertido en un gran imán para los turistas”. Comprobar si tiene o no razón no será fácil para la gran mayoría, ya que las entradas para toda la temporada se agotaron rápidamente. El tiempo si triunfa la versión de la historia en la que los gastos millonarios eclipsan a la música, o si Koren está en lo cierto y el esfuerzo ha merecido la pena porque la expresión del arte con mayúsculas no se mide en euros.

Edición: Noelia Núñez | Douglas Belisario
Texto: José L. Álvarez Cedena