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Tecnología espacial para digitalizar la biblioteca del Vaticano

Tecnología espacial para digitalizar la biblioteca del Vaticano

Por Noelia Núñez | 26-03-2017

Cesare Pasini

Cesare Pasini

Prefecto de la Biblioteca Apostólica Vaticana

Un precioso libro de pergamino purpúreo y de corte imperial espera a ser reparado en el taller de restauración de la biblioteca del Papa, uno de los únicos del mundo dentro de una sala de estudio. La letra está escrita con tinta de oro y plata, y su fragilidad es tal que la responsable de restauración, la española Ángela Núñez, no se atreve a enseñarlo más de 10 segundos. “Es tan delicado que la mera exposición al sol podría dañarlo. Lo mejor es que lo cerremos”. Y, aunque tan solo unas decenas de estudiosos religiosos tendrán el privilegio de tocarlo in situ al año, hoy cualquiera puede consultarlo desde casa desde el móvil, la tableta o el ordenador. El ejemplar está a la cola de ser digitalizado y, como él, 82.000 manuscritos pasarán a formar parte de la web de la Biblioteca Apostólica Vaticana (https://www.vatlib.it/). La institución, que comenzó el mayor proceso de digitalización de su historia en 2014, pretende escanear más de 41 millones de páginas a lo largo de unos 20 años.

La biblioteca ha confiado la preservación digital a la empresa japonesa NTT DATA. El formato elegido para la conservación es FITS, que fue creado por la NASA en 1981 para archivar imágenes y datos del espacio. La elección de este formato es fruto de una decisión madura: si la preservación de los documentos debía ser duradera en el tiempo, preferían no confiar en formatos como .jpg o .pdf porque tienen licencia de autor y no son tan estables por sus numerosas actualizaciones. En el laboratorio de digitalización y fotografía, contiguo al de restauración, cerca de una veintena de expertos fotografían y escanean incunables y libros de todas las lenguas y materias. Antes, los documentos han pasado por el ojo clínico del taller de restauración, de donde proceden las instrucciones para la digitalización: pasar la página por el ángulo superior, tener cuidado con las fisuras o no abrir los volúmenes más de treinta grados en algunos ejemplares.

Hoy, la biblioteca que fundó el papa Nicolás V es mucho más amplia que la iniciada de su colección personal de 350 códices en 1448. Para acceder a ella hay que adentrarse en los muros del Vaticano y cruzar el patio del Beldevere, no accesible a los turistas. Allí, entre las paredes del Palacio Apostólico, se encuentran más de 1.600.000 libros, entre los que hay 8.300 incunables, 150.000 manuscritos, 100.000 documentos impresos y unas 300.000 monedas y medallas. La inmensa colección, que se fue almacenando en diversos salones del Vaticano, se hospeda ahora en este edificio para su tratado, consulta y digitalización. “Los manuscritos que conservamos aquí no son nuestros, son producto de la humanidad y hay que ponerlos a disposición de esa misma humanidad”, dice el viceprefecto de la Biblioteca, Ambrogio M. Piazzoni.

Dos plantas más arriba de los talleres, un impresionante salón repleto de frescos, y que durante años ha servido como sala de exposiciones, custodia volúmenes bajo la mirada de los creadores de los alfabetos, representados en sus columnas. El lugar espera recuperar en los próximos meses su antigua función como sala de estudio para los casi cien especialistas que cada año consultan los documentos bajo previa acreditación. Allí, M. Piazzoni explica algunos de los libros más preciosos de la colección, como el Códex Vaticano, uno de los manuscritos en pergamino más antiguos que se conservan de la Biblia y que data del siglo V. “Aquí tenemos un manuscrito de las obras de Virgilio, el Tratado de astrología de Alfonso X el Sabio y el libro de pintura de Leonardo Da Vinci, que fue copiado en la primera parte del siglo XVI. Todos ellos han sido digitalizados y se pueden consultar desde cualquier parte del mundo”.

El proyecto, que necesitará todavía unos 16 años para completarse, cuenta con la colaboración de la fundación Digita Vaticana, una organización nacida en 2012 para recaudar fondos. Para su directora, la española Maite Bulgari, el objetivo no es más que el de salvaguardar el patrimonio, pero sobre todo avanzar en la investigación de los textos. “Con la digitalización habrá más descubrimientos. Para los estudiosos será más fácil comparar diferentes manuscritos al disponer de herramientas de búsqueda avanzada por palabras clave, algo los antiguos manuales no permiten”.

Aunque tan solo una parte de la colección está pasando por los escáneres de sus laboratorios, el prefecto de la Biblioteca, Cesare Pasini, asegura que solo los documentos más valiosos y deteriorados se pondrán en valor, pero sin perder la esencia de la consulta. “Sé que no perderemos a los estudiosos porque, si sus estudios son serios, sentirán la necesidad de venir aquí, ver el manuscrito y estudiarlo de cerca”.

Edición: Noelia Núñez | David Castañón

Transcripción de la conversación
AMBROGIO M. PIAZZONI
00:00
Aquí tenemos un manuscrito de las obras de Virgilio, del siglo quinto. Este es el Tratado de astrología de Alfonso décimo el Sabio, de la mitad del siglo trece. Esta es una Biblia Pauperum, es decir, una Biblia de los pobres, de la primera parte del siglo quince. Y este es el libro de pintura de Leonardo Da Vinci que fue copiado en la primera parte del siglo dieciséis. Todos estos son facsímiles de los originales, pero los originales se han digitalizado y se pueden consultar en la página web de la biblioteca desde cualquier parte del mundo.
CESARE PASINI
00:53
La biblioteca vaticana ha decidido digitalizarse porque es una oportunidad que tenemos ahora y que hace cincuenta años, no. Pero no solo la tenemos ahora, sino que además va en la línea de nuestra política de siempre, nuestra misión: dar a conocer y hacer accesible el patrimonio. Se publica online para los usuarios y los estudiosos, pero también para los que tienen curiosidad por saber.
AMBROGIO M. PIAZZONI
02:12
En la biblioteca se encuentran muchas cosas. Lo más importante son los manuscritos. Tenemos manuscritos que provienen de la Antigüedad tardía y también algunos manuscritos modernos. Junto a los manuscritos, con el paso de los siglos, se han recogido libros impresos y, en especial, hay otras colecciones particulares, como por ejemplo las de medallas y monedas, o las de grabados y fotografías antiguas, es decir, otros materiales que no son libros estrictamente hablando. Después están los libros que se compran normalmente hoy en día, libros modernos, dedicados de alguna manera a esclarecer y ayudar a estudiar.
CESARE PASINI
03:03
Hoy en día se pueden digitalizar y permitir que se vean las imágenes de esta manera. Antes esta técnica no existía y se hacían fotografías o microfilmes. Y anteriormente se podía venir a tomar apuntes o se daban catálogos y a través de ellos se conocía mejor.
IRMGARD SCHULER
04:03
En primer lugar, en la biblioteca intentamos digitalizar los elementos más antiguos, valiosos y los más frágiles. Son fotografiados o escaneados, página a página. Después, las imágenes son revisadas por dos personas distintas para asegurarnos de que son reproducciones perfectas de las óperas, y después las devolvemos a los archivos. Por último las imágenes se almacenan y se publican en la web. El formato usado para conservar las imágenes a largo plazo se llama “FITS”. En el futuro, no tendremos problemas para abrir este formato, porque no es un formato propietario, está libre de derechos, es de código abierto. Así que son dos las ventajas: que es abierto y que es muy estable. Estos son volúmenes son muy valiosos, así que debemos evitar que sus propiedades físicas se deterioren.
AMBROGIO M. PIAZZONI
05:22
Los manuscritos que conservamos aquí no son nuestros, son producto de la humanidad y hay que ponerlos a disposición de esa misma humanidad.
CESARE PASINI
05:47
Sé que no perderemos personas, porque si sus estudios son serios, algunas de esas personas sentirán la necesidad de venir aquí, ver el manuscrito y estudiarlo desde cerca, con los elementos que solo se pueden estudiar teniendo en mano el manuscrito.