CIENCIA, CULTURA, TECNOLOGíA

Un escáner para salvar obras de arte milenarias

Un escáner para salvar obras de arte milenarias

Por Maruxa Ruiz del Árbol | 30-11-2017

Adam Lowe

Adam Lowe

Director de Factum Foundation

Un martillo, unos pocos segundos y una mente trastornada (convencida de seguir las órdenes dictadas por el espíritu de una dama veneciana del siglo XV) fue todo lo que necesitó Piero Catanna en septiembre de 1991 para romper las medidas de seguridad del museo de la Academia en Florencia y liarse a martillazos contra el célebre David de Miguel Ángel. Los daños en la estatua no fueron demasiados, apenas una falange de un dedo del pie roto, porque Catanna (o el espíritu de aquella mujer) no quería hacer más daño. Pero no solo las malas ideas como esta hacen peligrar las obras de arte y los monumentos. También los actos vandálicos (graffitis en la Alhambra, piedras robadas del Coliseo romano, basura acumulada en las laderas de Machu Pichu) y la sobreexplotación turística han echo saltar las alarmas sobre lo efímero de gran parte del Patrimonio de la Humanidad si no se toman medidas a tiempo. El egiptólogo Zahi Hawas, que fue ministro egipcio de Antigüedades, alertó hace poco de que algunos de los grandes tesoros faraónicos podrían desaparecer en un siglo si los turistas continuaban accediendo a las templos de forma masiva y descontrolada.

Perder definitivamente algunos de estos lugares representaría perder una parte de nuestra historia. Y limitar el conocimiento sobre el pasado es casi lo mismo que cercenar parte de nuestro futuro. La solución no es sencilla, puesto que prohibir por completo las visitas afectaría mucho a un sector económico, el del turismo, que es de importancia capital para muchos de los países donde se ubican los monumentos. Y, por otro lado, aquellos lugares que son Patrimonio de la Humanidad fueron bautizados así, precisamente, porque pertenecen un poco a todos. Una vez más, las nuevas tecnología pueden echar una mano para mantener ese complejo equilibrio entre la posibilidad de que se pueda seguir disfrutando de la herencia cultural y, al tiempo, las obras no sufran un deterioro irreparable.

La Fundación Factum, nacida en 2009 en Madrid, ha desarrollado un sistema que permite escanear e imprimir en tres dimensiones facsímiles a tamaño real de grandes obras de la Antigüedad. Su objetivo principal es garantizar que las futuras generaciones puedan heredar estas obras del pasado en buenas condiciones para su estudio y admiración. La nuevas tecnologías utilizadas por Factum no sólo pueden conseguir que estos tesoros sigan visitándose en sus enclaves originales (instalando réplicas exactas en el lugar), sino que también sea posible organizar exposiciones itinerantes que permitan a un mayor número de personas disfrutar del patrimonio. Además, la fidelidad de las copias permitirá a los investigadores continuar su trabajo sin temor a dañar los originales que, en muchos casos, se encuentran ya en mal estado. “Trabajamos para demostrar que las nuevas tecnologías pueden llegar a cambiar nuestra comprensión del pasado”, asegura Adam Lowe, presidente de la fundación. Factum ha digitalizado la tumba del faraón Seti I, la más grande del Valle de los Reyes de Egipto, y ha expuesto su trabajo en Basiela. Un logro que, según Lowe, demuestra que “visitando un facsímil se puede entender más cosas que visitando el objeto original, porque las condiciones que se necesitan para proteger la obra original hacen que haya muy poca luz, que no se pueda pasar mucho tiempo en una tumba, que no hay paneles didácticos alrededor, que los visitantes tengan que moverse… Pero aquí puedes centrarte, mirar, pensar”.

Edición: Maruxa Ruiz del Árbol | Mikel Agirrezabalaga
Texto. José L. Álvarez Cedena

Temas: Arte, Tecnología