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‘Loving Vincent’, 65.000 cuadros de Van Gogh para hacer una película

‘Loving Vincent’, 65.000 cuadros de Van Gogh para hacer una película

Por Noelia Núñez | 09-01-2018

Dorota Kobiela

Dorota Kobiela

Directora y guionista de 'Loving Vincent'

Antonio López intentando, sin conseguirlo, detener el tiempo en un instante de luz otoñal reflejada en un membrillo (todo delante de la cámara de Víctor Erice, otro artista obsesivo); Jason Pollock, furioso y contra el mundo, arrojando pintura contra lienzos gigantescos para ocupar un lugar en la historia de las vanguardias; Cezzane, torturado, lamentando tener que ausentarse del entierro de su amada madre porque no podía evadirse de la obra que pintaba en ese momento. Como escribió Stefan Zweig, uno de los pensadores más clarividentes de la primera mitad del siglo XX, en su conferencia El misterio de la creación artística: “La fórmula verdadera de la creación artística no es, pues, inspiración o trabajo, sino inspiración más trabajo, exaltación más paciencia, deleite creador más tormento creador”. La historia del arte está repleta de anécdotas y vivencias que ilustran la lucha de los creadores contra sí mismos y la insatisfacción que les produce esa incapacidad de representar lo irrepresentable. Y entre todos los atormentados, como los describía Zweig, quizá el más conocido (por su genialidad, su trágico muerte y la incomprensión que sufrió durante su vida) sea Vincent van Gogh. En una carta a su querido hermano Theo, quien fuera su sostén económico y casi único apoyo emocional, el pintor holandés describía su búsqueda de trascendencia a través del arte, una intención que guió su obra siempre y que le impulsó a continuar pintando a pesar de sentirse un incomprendido entre sus coetáneos: “Espero no trabajar para mí mismo. Creo en la necesidad de una nueva forma de vida artística, con su propio colorido. Si trabajamos con esa fe, tenemos una oportunidad”.

La figura de Van Gogh, su malditismo, su especial relación con su hermano menor (fallecido tan solo unos meses después que él), las dudas que envuelven a su suicidio, el único cuadro que vendió en vida… para convertirse después en un genio reconocido cuyas obras alcanzan cifras astronómicas en las subastas, o su relación con otros artistas como Paul Gauguin (quien probablemente le cortó la oreja en una pelea, aunque ambos guardaron silencio sobre el tema), han hecho del pintor holandés una figura golosa para la ficción cinematográfica. Grandes directores como Vicente Minnelli en 1956 (El loco del pelo rojo), Akira Kurosawa en 1990 (en uno de los episodios de sus Sueños) o Robert Altman, también en 1990 (Vincent y Theo) han abordado la figura de Van Gogh. Ahora un nuevo título Loving Vincent, le devuelve a la gran pantalla, pero con una peculiaridad: se trata de la primera película pintada en su totalidad al óleo. Un total de 65.000 cuadros pintados sobre lienzos de 70×51 centímetros y después fotografiados para dar la sensación de movimiento. La técnica, aparentemente sencilla, habría fascinado al propio Van Gogh por la dedicatoria (casi enfermiza) que ha absorbido a su directora, la polaca Dorota Kobiela, durante más de cinco años. Los 125 artistas que han participado en el proyecto pintaron sus cuadros sobre las escenas previamente filmadas, para después fotografiar lo pintado, raspar la pintura, volver a fotografiar, pintar de nuevo, raspar… y así sucesivamente hasta completar la animación que se quería trasladar en cada fotograma. Una labor titánica cuyo resultado es una obra hipnótica que ahonda en el misterio de las pinturas y la vida de Van Gogh, y que llega a los cines españoles el 12 de enero.

Como asegura Hugh Welchman (codirector, coguionista y productor), su película es un ejemplo “del impacto positivo que el arte puede tener en la gente”. Y Kobiela concluye que, como indica su título, Loving Vincent es, por encima de las 65.000 pinturas que la componen, “una carta de amor”.

Edición: Noelia Núñez | David Giraldo
texto: José L. Álvarez Cedena